Escapemos
Cuando salí de mi casa, me encontré con una mujer. Vestía sobrio. El pelo castaño tirado hacia atrás, dejando libre un rostro afilado. Estaba de frente a la puerta, como esperando a que saliera alguien. Me pidió ayuda para ir a una dirección. Yo iba para ese lugar, así que arrancamos a caminar bajo el sol.
Terminamos en un barrio bajo. ¡Era una emboscada! Me llevó ahí para que me robaran. Se acercaron muchos pandilleros, un cardumen de muchachos jóvenes. Yo sentía sus intenciones pero nunca lograban acertarme un golpe. Por momentos parecía que querían convencerme de unirme a ellos.
La mujer desapareció. Yo también quería escapar, pero cada vez me iba metiendo más adentro del barrio. Un pasillo llevaba a otro y a otro. De golpe, un monoblock de paredes húmedas se alzó y lo escalé. Me metí por las ventanas y los vecinos del lugar estaban cocinando, mirando la televisión, charlando. Ellos vivían asediados y me aseguraban que ya se iban a calmar.
Solo quería volverme a mi casa. De un departamento salté hacia un patio interno y cuando toqué el piso los monoblocks se alargaron y el cielo se estrelló. Otra vez volví a trepar pero ahora desde las ventanas se asomaban los muchachos y me advertían que si me metía de nuevo era el fin. Llegué por fin a una terraza y me tiré cuerpo a tierra a vigilar. Esperaba a que todos se fueran a dormir o se olvidaran de mí para escapar. ¿Pero cómo? Me creía con la fuerza necesaria para pegar un salto y dejar todo atrás pero las piernas no me respondían.
En eso estaba cuando vi a una chica atrás de una ventana que me hacía shhh con el dedo. Ella me iba a indicar el momento justo para salir. A diferencia del resto, ella era un dibujito animado. Quería irme rápido con ella pero apenas si intentaba mover un músculo se asomaban las caras ominosas de los pandilleros.
Ya no daba más de tanto esperar. Por fin algo me dijo que era el momento y salté nomás desde la terraza. Esta vez caí en una calle y ¡qué sorpresa! La chica animada me estaba esperando en un auto. Era un descapotable bajo, dibujado y listo como para salir a pique. Subí y ella pisó el acelerador.
Tomamos esa calle y luego otra. Los monoblocks quedaron apenas atrás y al frente se abría el horizonte amaneciendo. No sabía a dónde estábamos yendo. Enseguida unas manchas negras se acercaron desde el cielo y ¡eran aviones! Levanté la vista y resultaron ser muchísimas naves militares.
La chica pegó un volantazo y aceleró todavía más. En el espejo lateral se recortó una figura afilada y la vi presionando un botón. Sentí un click y después empezaron a lanzar bombas. Tuvimos que hacer zigzag para esquivarlas, aunque me llamó la atención que no explotaran cuando tocaban el suelo.
No sabíamos bien qué hacer. Dimos media vuelta y volvimos en dirección a los monoblocks. Las naves descendieron y las turbinas nos aturdían. Desde los edificios las ventanas se llenaban de ojos. En el suelo había tantas municiones que ya no podíamos evitarlas. La primera explosión se sintió atrás y enseguida vino otra, y otra, y otra, cada vez más cerca. Mi piloto gritó algo pero se cortó en seco y explotamos en mil pedazos. Vi todo blanco y como estallado de confeti. Cuando cayó el último papelito, había un corte de carne tirado en el suelo, zumbando, el sol y la gente asomándose a ver qué pasaba.


¡Vaya que los sueños pueden tomar caminos sorprendentes! Queda ahora que lo descifres. ¿Qué sentido tiene para ti? ¿Quién sabe? ¡A lo mejor, es un mensaje!
Gracias por compartir tu relato surrealista.
Gracias por tu lectura! Fue un sueño de esos de escape infinito. Lo tuve que anotar porque habían pasado muchas cosas, una tras otra, y cada una me hizo sentir algo diferente. Seguiré prestando atención a lo que dicen los sueños!